Los corazones son siempre expuestos a cualquier asesinato
psicópata, el pecado es la forma mas emocionante de romper las reglas, el veneno es el cóctel más mortal pero delicioso al paladar, que sabiendo que es neurótico llama el interés de muchos atrevidos.
Yo
aguardo es mis aposentos santos, mi guarida siempre esta dispuesta a brindar compañía a los viajeros de la media noche, los cuerpos en la madrugada se los devora el desierto frío, por eso los que quieren vienen a disfrutar
de música, alcohol e incienso, pues mi trampa tiene muchos colores y sabores para la presa fácil.
Uno
a uno van cayendo por el suelo de este campo santo hogareño, uno por uno van probando mis besos, como serpiente me enrollo en sus cuellos, poco a poco estrangulando cualquier deseo, sintiendo como me robo la vida de algún
compañero esporádico, los tomo como un trofeo y los coloco es mis recuerdos como algún premio de la memoria inmortal de la noche derrapada, esa noche que viola en silencio y que simplemente deja cuerpos vacíos al salir
el sol.
Pero
hoy, tú, viajero maldito, te quedas viéndome, no caes al suelo, ya te has bebido todo el vino con ajenjo, ya has consumido todo el opio de mi cuerpo y sigues erguido como una estatua apuntando al sol.
Mis
trampas se hacen inútiles para la derrota de tu cuerpo semidesnudo, pero yo soy más que una simple vida, soy un demonio milenario que reencarna en el cuerpo de algún pagano, pero al final él deja de ser el cuando invado
su terreno, acércate que te daré lo que quieres.
Te
crees fuerte, no veo cobardía en tu corazón, eres un plato muy exquisito para desperdiciarlo, ven y muéstrame tus atributos, quiero escuchar todo lo que has hecho antes de envenenarte con mi mirada, antes de convertirte
en hielo cuando beses mis labios, eres completamente encantador, tengo el hambre y la sed de un batallón del infierno que quiere alimentarse con cada una de las células que componen tu organismo.
Me
tomas de los brazos y me lanzas a la cama de rosas y espinas, te avalanchas sobre este cuerpo codiciado por el diablo, tocas todas mis partes y te preguntas por qué ando frío, por que en momentos quemo tu espalda con mis
dedos, realmente no te das cuenta de lo que soy, pero no se que hacer, pues tu lengua se inmunizo de mi odio toxico, ahora haces con mi cuerpo lo que te venga en gana.
Eres
extrañamente interesante, único y real, eres un nómada del silencio, eres un guerrero de los valles, tal vez un audaz combatiente de las tierras de las almas, pero te lo advertí amado compañero momentáneo, ya tu corazón
no latirá por otro amor mas nunca, te quedarás perdido entre las sombras de la noche, ya la luz no tocará de nuevo tus labios, el veneno de mis intenciones ya está haciendo efecto en tu cuerpo desnudo, creiste que conmigo
ibas a conseguir la felicidad y la gloria, te equivocaste.
Veo
como mueres tendido en estas sábanas de pétalos y huesos de esclavos, siento como te asfixias y buscas el aire que se aleja más y más de tus límites corporales, tu integridad pierde progresivamente su temperatura, ya
estas completamente devastado pues un prejuicio te condenará por el resto de tu vida, ni tu Dios ni tu familia te salvarán de lo que has hecho, ahora te dejo en tu nueva realidad, despego como la muerte, arrebatándote toda
felicidad.
No
temas, siempre te recordaré, como también donde moriste, cada viernes colocaré una rosa roja haciendo memoria que le robe la vida a un luchador y que por su necedad perdió todo lo que mas quería. Adiós compañero,
algún día mis labios probablemente te vuelvan a besar y me odiarás de la manera más colérica existente, no te culpes, de todos modos somos réprobos para el señor.
Román Hernández
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