El aroma del jazmín
a comenzado a tomar espacio en estos metros de soledad, desde el jardín puedo observar los restos de una fiesta íntima que se ha ido mojando por las semanas acabadas, yo camino observándola, un tanto ajeno, pues no quiero
salpicarme de recuerdos lúgubres.
Las copas de vino yacen
erguidas en la mesa del bar, se puede notar el sedimento de algún líquido que murió en algunos labios, estoy algo cansado y quiero distraer mi monotónica situación, encenderé el ordenador y buscaré algún contacto interesante
en estas redes sociales aparentes.
Me dispongo a destapar una botella de vodka, sirvo un vaso, y me sumerjo en todos estos códigos informáticos,
a conseguir algún ser aparente que pueda hablar, reír y ser. Muchas solicitudes, personas que parecen interesantes, pero siento un gran vacío en sus palabras, perfiles dudosos, que con gran colorido se maquillan de una
supuesta verdad.
Aburre ver tanta falsedad,
y quienes parecen honestos sólo quiero eyacular la noche, y otros hambrientos esperan migajas cuantificadas, me da lástima todo esto. Decidí cerrar la venta y volver al mundo real, un par de metros a caminar no me harán
nada mal, trote bajo esta lluvia intensa, todo el día, llegando empapado a mi morada, prendo el telephon, de repente me llega una notificación, algo extraña, la dejo intacta pues no quiero jugar a falaces identidades.
Enciendo mi ordenador,
reviso la bandeja de entrada y solicitudes como granos de arena de desbordan por mi cuenta de email, se me hace misterioso ese sujeto que con tanta insistencia quiere mi amistad, lo voy a agregar, quiero ver que tal, nada
puedo perder o ganar.
Un «Hola cariño» comenzó
la conversación, preguntas frecuentes se disparan de ambas partes, me mantengo distante, realmente no quiero comunicarme con un robot extraño, pero su interés aparente es tan intrigante que me gustaría seguir, pues sus
palabras son muy coherentes, su dicción pasional me hace imaginar actos lésbicos- profanos, un shabat sexual, que sutilmente se esconde entre las letras de nuestra conversación.
Se ha vuelto algo adictivo
estos encuentros electrónicos a pesar de la cercanía de nuestros cuerpos, no quiero apresurarme a posibles fallidos, quiero mantener la calma, cada palabra que brinda la siento seductoramente, como si me hablara al oído,
despacio y muy cerca. Él es algo interesante, es un volcán que esconde en su magma un misterio algo antiguo con aromas juveniles, que demuestra la traición y la gloria con la mirada tan mansa en su profile.
Hoy se vuelve más atrevido
que nunca, siento que se adentra entre mis piernas, sus versos tocan lujuriosamente mi espalda, bajan despacio por mis brazos y se cruzan hasta casi asfixiarme, ésta sensación se acaba cuando mis dedos se separan del teclado
cansado, pero vuelvo, esta batalla la quiero ganar pero se me olvida que las paredes aun huelen a ese demonio hambriento que usando mi cuerpo como vehículo, lo dejó vertido en el suelo y cuando quise de el, desapareció de
éste mundo, tal vez el cibernético.
Esta noche huele a posibilidades,
la dirección del encuentro está actualizada, el sándalo hace una fiesta entre mi habitación y la sala, la cocina huele a apetito carnal, el vino servido esta esperando que un alma impura lo pueda deleitar, suena el timbre
como un trueno que retumba en mi interior, se me caen las llaves y caigo extasiado contra la pared, siento que el infierno esta cerca, al otro lado de la puerta, temo abrir, pero mi cuerpo se dirige visionado a bajar la manilla.
Rayos interrumpen las
paz de la noche, una tormenta sexual se avecina, y toda la mi morada a la expectativa se activa !
La compuerta de la condenación
se abre libremente como una cascada, entra empapado de pasión y lujuria, su aroma a cedro con musk me erizan la piel desnuda, le hago una señal de educación y va directo a mi sillón, ahí se acomoda como una estatua fálica
con una mirada tan penetrante como águila de rapiña, le ofrezco el líquido de Dios y una mueca en sus labios me dictan complacencia.
Su camisa se desintegra,
y el calor en éste bosque encendido sofoca mi respiración, el alcohol y el vapor de su cuerpo, me quieren hacer perder la razón, la música se vuelve un concierto y siento como miles de almas bailan infelices al rededor
de los dos.
Su fuerza animal me lleva
a la cama, su piel quema mis dedos, su barba rasguña la piel de mi espalda indefensa, sus garras se clavan en la carne de mis piernas, me siento o cabalgo encima de ésta hermosa bestia celestial de las tinieblas.
Abro los ojos lentamente,
me despierto con una sonrisa torcida como la de la Gioconda, complacido, vivo, pero tengo miedo ardiente, el no esta a mi lado, tengo una franela estropeada y sin botones, no tengo rastro de él, camino hacia la ducha pues
la escucho activa, a oscuras me acerco temerosamente , escucho una voz dulce y varonil, de repente entre gotas y rocíos una mano me ala hacia su cuerpo y me abraza, siento como la paz entra por mis venas y un beso pausado
me desconecta para siempre de ésta amarga soledad.
Román Hernández
No hay comentarios:
Publicar un comentario