Hoy siento en mi corazón una melodía antigua, por sus notas se parece mucho a Claro de Luna de Beethoven , mi
cuerpo semidesnudo se arrastra hacia la oscuridad de un rincón de esta casa olvidada, mis manos esperan impacientes que el rose de tu piel se ancle entre mis dedos y que formen una sola cosa, una mezcla perfecta, algo que
por lo menos sienta, que tenga vida.
Amor, dolor, traición,
son quienes me acompañan en esta resaca noche de soledad manoseada por la realidad que me acobija, el vidrio que protege tu fotografía lo he desgastado de tantas carias vacias, claramente no correspondidas, vivo entre dagas
que destrozan mi carne algo envejecida, me alimento de dolores suicidas, que hacen fiestas con la anómia de mi existencia.
El sol se pausó en otro
cielo, el mio esta completamente oscuro, pues a mi jaula no le han quitado la tela que aun la cubre, quisiera realmente irme de este vacío existencial, pero sé lo penoso que es caminar por esas calles deshabitadas de tolerancia
y respeto.
Numerosas marcas de cuerpos
solitarios están tatuados en mi interior, y las botellas aun permanecen llenas no se si de vino o de tristeza. Es amarga esta carga emocional, es pesada como tres mil rocas en la espalda fustigada, quien sigue aunque el cansancio
arrase con sus suspiros y esperanzas.
El amor no es más que
una fracción de una completa ilusión pagana, el amor es el mayor acto de rendición, es la batalla perdida, es la gloria ajena, es carne para los buitres del desierto, el amor es el veneno, es el opio que consume mis días
útiles, es el espejo de un payaso infeliz, que con su sonrisa mal pintada hace creer que la felicidad es posible ante todo.
Las cruces están erguidas,
esperando saborear la sangre de algún débil, de algún injusto, esperando sentir mi sufrimiento, pero prefiero seguir sentado y esperar por los cuervos a que me saquen los ojos en la tarde enpolventada con la arena de la
condenación. No creo que todos estos diablos danzantes tengan la fuerza de destruirme, pues yo soy Dios, soy el Padre, el hijo y El Espíritu Santo, soy algo mayor, sé que puedo seguir y salir aireoso de esta eterna cena
de violadores carnales.
A las 11 am comenzaré
a fundar mi nuevo territorio existencial, levantaré ventajosas las paredes que me protegerán de todas las fieras que piensan en el mal ajeno. Son la basura cósmica más contaminante que pueda existir, son el cáncer más
destructivo, son tóxicos y radioactivos.
No se que haré detrás
de estos muros, pues aun no tengo claro mi visión del futuro, tal vez me consuma eternamente en estas posibles ruinas en un futuro postergado, no tengo posibles ánimos para ver o escuchar a todas estas bestias eunucos, preferiría
vilmente degollar este tiempo o que todo se pause y vuelva a rebobinar, hacia el comienzo, hacia el génesis, pues allí me daría cuenta de cual fue el error y en un futuro prematuro soldar el fenómeno que atañe mis sueños.
El hoyo esta hondo en
el suelo, parece un especie de tumba me gustaría allí descansar, hasta el comienzo de otro siglo, preferiblemente hasta el comienzo de otra era glacial, pero no puedo esperar a que un milagro cambie mi realidad, no solo
de pan vive el hombre decían, así que dejaré esta cueva húmeda y me adentraré al bosque, tal vez en sus entrañas consiga alguna razón real de seguir, pues mis ganas de vivir se las ofrecí a un fauno traidor, me dejó
moribundo, desganado, pero la hora de seguir ha comenzado, no obstante siempre tendré en cuenta de que las batallas no siempre son glorificadas, con tal, alguien me recordará en algún tiempo, pues de este modo trabaja
la historia, ella tiene extrañas formas de actuar en el tiempo.
Román Hernández
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