El escenario esta puesto, un cuerpo va dejando una silueta inquieta
por las esquinas de este teatro, se escucha alguna entropía que atrae solo algunas miradas, la obra es fiel a los devotos.
Una canción
gaélica crea un ambiente celta, y la seducción incita a próximas erecciones del alma, qué tan oscuro puede estar el espacio para no ver algunas manos acariciantes, qué tan interesante y complejo debe estar la escena para
que algunos labios se tornen descontrolados.
Siempre
yace en cualquier historia el espectador solitario, empapandose de aquel encanto, ellos comparan aspectos de sus vivencias y las solidifican con la pieza y la vida, el va por su destino, e imita en su camino lo adquirido desde
la tarima, traspasa la puerta con una sonrisa de agrado y complacencia pues el drama dejó satisfecho a nuestro leal concurrente.
Aunque
el vendrá cada noche o cada día, su vida esta entre estas tablas envejecidas y matizadas, alguna otra razón llama a este jóven egocéntrico y bohémio, el busca entre el arte una pose algo corporal donde pueda desembocar
toda su pasión, tanta intensidad encerrada en su pecho necesita eyacular y viajar poniendo en acción toda su imaginación.
Las
marionetas descansan empolvadas en un cajón, los trajes están en el camerino oliendo a sudor y panque, bailan desnudas las pinturas en la pared del gran salón, las estatuas están amantes a posibles miradas, este palacio
surrealista esta despertando esas ganas de vivir, la coreografía se tiene que mejorar para la próxima presentación.
Hoy es
la gran noche, se preparan todos los bailarines y cantantes, las luces están peleantes, el claro oscuro se esconde lujurioso por el telón desnudo, y unas zapatillas quieren comenzar a volar para robar desde el aire todas
las miradas . Las sombras están vigilantes siendo confidenciales silenciosos de las expectativas. En el centro de la sala esta él, entusiasmado, porque verá a su querido estremecer su alma con orgullo, el interprete desnuda
toda su pasión, suspiros caen como lluvia desde las butacas rojas, la melodía masturba vilmente el corazón de los presentes, seguidamente los aplausos despiertan las ganas de besar en aquel joven, las rosas caen agradecidas
en el set, y en unas horas después nuestros queridos actor y civil comienzan una obra viva por las calles de la ciudad hermafrodita.
La canción
siempre suena desnuda en la noche frágil, cuando cuerpos varios vuelan copulantes por los rincones oscuros. Algo lascivo se invisibiliza por las sombras y queda un silencio casi sordo, en nuestro asfalto sólo viven murmullos
y pisadas tenues, el drama pereciera ficticia cuando somos audiencia, pero es tan real que el teatro y la actuación son nuestras vivencias mas puras y ocultas, desembocamos lo que somos, y vivimos nuestra propia pieza teatral.
Somos nosotros los que escribimos nuestros propios guiones.
Román Hernández
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