La mirada, es la expresión más sincera que no esconde ningún prejuicio, que dice quien es ella, capaz de desmontar a la mentira, por si sola habla en su lenguaje silencioso pero
fácilmente decodificado por los cuerpos que se mantienen atentos a cualquier código corporal y semiótico.
Mi
alma va caminando al centro de una ciudad vetada de su realidad, hambrienta por siglos, decepcionada, débil, que busca exhaustivamente algo con que identificarse, algo para salir de esta rutina de color gris.
Los
templos de la resurrección están abiertos para cualquier ser que desee rendirle homenaje a la fertilidad del planeta, los espacios de integración se mantienen firmes, esperando que todos los seres vivientes desahoguen sus
ganas sin tener ningún tipo de pena, de culpa, sólo son ellos viviendo un momento más, ya que esta realidad no permite ver la parte natural de lo que somos, es por eso que cuando hay oportunidad de conectarse con la tierra,
debemos aprovecharla al máximo, antes que el sol nos sorprenda.
El
aroma disperso en el ambiente, las manos que yacen retenidas por una norma colectiva se frustra al estar tan deseosa de comenzar una integración comunal, donde todos los cuerpos puedan expresar toda esta inquietud, donde
las almas se liberen de toda esta mentira que nos controla, de toda esta mierda que nos direcciona, de este miedo que nos ata al suelo.
Entre
tantos parámetros estamos tu y yo, mirándonos, ambos nos queremos hablar, decir, abrazar, besar, pero nos separa un vasto código que nos ha gobernado desde que el Dios-Hombre fue creado para infundir miedo y culpa, vamos
en este mundo con ganas de rendirle homenaje a nuestros cuerpos cohibidos por una pared de vidrio, te siento tan mio, que sería capaz de arribarme encima de ti, pero las miradas están espiando, andan esperando herir con sus
inescrupulosa brutalidad paleolítica.
Es
un mundo vacío, frío, donde nos tenemos que adaptar a unas reglas que solo le sirven a una parte de esta sociedad, pero seré radical ante todo esto, no seguiré esas leyes que se violan entre si, yo buscare siempre la manera
de que tu cuerpo permanezca conmigo hasta el amanecer y que nuestro padre nos vea y que nuestra madre nos acepte, ellos siempre nos apoyaran naturalmente.
Román Hernández.
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